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El ‘tsunami’ de gasto y crédito dispara la deuda mundial hasta el 365% del PIB, máximos históricos


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  1. La deuda global equivale a 198 veces el tamaño de la economía de España
  2. IIF: “Existe una incertidumbre significativa sobre cómo se reducirá la deuda”
  3. El instituto descarta la vuelta a la austeridad como ocurrió en el 2010

La respuesta de gobiernos y empresas ante la recesión desatada por la pandemia covid-19 ha sido fundamental para amortiguar el golpe económico. Sin embargo, esta acción global tiene también consecuencias negativas: la deuda total mundial está a punto de alcanzar un máximo histórico de 277 billones de dólares (233 billones de euros), el 365% del PIB. La combinación no da lugar a dudas, un aumento del gasto junto a una caída de ingresos se traduce en mucha más deuda.

Este nivel de endeudamiento equivale a 198 veces el tamaño de la economía de España. Mientras que la inflación esté bajo control y los tipos de interés puedan permanecer en los niveles actuales, la sostenibilidad de la deuda no será cuestionada. Si lo anterior cambia, la deuda puede ser un problema mucho mayor. 

La deuda total global toca el 365% del PIB
La deuda total global toca el 365% del PIB

Este indicador (deuda total) es la suma de la deuda de los gobiernos, las empresas (financieras y no financieras) y los hogares. El Instituto Internacional de Finanzas (IIF) revela en un nuevo informe que tras el aumento récord de deuda sobre PIB (pasó del 320% hasta el 362% en el primer semestre de 2020), el incremento en el tercer trimestre de 2020 ha sido algo más modesto, menos de 2 puntos porcentuales, ayudado por la fuerte recuperación mundial. Aún así, no duda en catalogar la situación como el “ataque del tsunami de la deuda”.

No obstante, “esperamos que la relación deuda/PIB mundial alcance el 365% del PIB en 2020. La deuda en los mercados desarrollados (entre los que se encuentra España y Europa) superó el 432% del PIB en el tercer trimestre de 2020, más de 50 puntos porcentuales con respecto a 2019″, reza el informe del IIF.

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Estados Unidos representó casi la mitad de todo el incremento, con una deuda total en camino de alcanzar los 80 billones de dólares en 2020, frente a los 71 billones de dólares de 2019. Por sectores (gobierno, familias y empresas), la mayor parte del aumento se produjo en el gobierno general (hasta 3.7 billones de dólares) y en las empresas (hasta 1.7 billones de dólares).

En la zona del euro, un aumento de 1.5 billones de dólares en la deuda pública ha elevado la deuda total a más de 53 billones de dólares en el tercer trimestre de 2020 (aunque todavía está por debajo del máximo histórico de 55 billones de dólares en el segundo trimestre de 2014). La deuda en otros mercados desarrollados ascendió en más de 3,7 billones de dólares hasta los 65 billones en los primeros tres trimestres de 2020.

Canadá, Japón y EEUU lideran el crecimiento de la deuda

Los países en los que más ha aumentado la deuda

Canadá, Japón y Estados Unidos han experimentado los mayores aumentos en la deuda del sector no financiero (se excluye a los bancos) este año, con un aumento de la deuda sobre PIB que va desde los 45 puntos porcentuales de Estados Unidos a los más de 75 puntos porcentuales en Canadá. “En los mercados desarrollados, la deuda pública ha vuelto a ser el principal impulsor de este incremento, destacando el auge en Canadá, Japón, Estados Unidos, Reino Unido y España. Es de destacar que Irlanda es el único país de nuestra muestra que ha experimentado una disminución en el índice de deuda total, ya que las disminuciones de la deuda de las empresas y familias compensaron el aumento de la deuda pública”, señala el informe.

Fuente: Economiahoy.mx

“El excremento del diablo”: cómo el precio del petróleo llegó a ser tan fundamental para la economía mundial


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Ilustración del momento en el que Edwin Drake logró hallar el petróleo.
El estadounidense Edwin Drake fue el primero que extrajo petróleo con éxito, en 1859. Hoy EE.UU. es el primer productor mundial de este combustible, gracias al “fracking”.

Era el 27 de agosto de 1859 y se había enviado un mensaje crucial. El último patrocinador financiero del empresario Edwin Drake finalmente había perdido la paciencia: Paga tus deudas, ríndete y vuelve a casa, decía el mensaje.

Drake había estado intentando encontrar “aceite de roca”, un aceite “crudo” sin refinar de color marrón que a veces burbujeaba cerca de la superficie en el oeste de Pensilvania.

Planeaba refinarlo para convertirlo en queroseno para lámparas, un sustituto del aceite de ballena, que cada vez era más caro.

También generaría subproductos menos útiles, como la gasolina, pero si no lograba vendérselo a nadie siempre podría tirarlo.

El mensaje había sido enviado, pero Drake aún no lo había recibido cuando su taladro perforó un depósito subterráneo lleno de petróleo crudo bajo presión. Desde 21 metros debajo de la superficie, el petróleo comenzó a brotar.

Las ballenas se habían salvado y el mundo estaba a punto de cambiar.

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Solo unos pocos kilómetros al sur y unos años más tarde, se vio una pista de lo que vendría.

Cuando se descubrió petróleo en Pithole City, Pensilvania, en 1864, “no había ni 50 habitantes a media docena de millas”, según reportó el New York Times.

Pithole City en el apogeo de su breve auge petrolero, en 1865.
Pithole City en el apogeo de su breve auge petrolero, en 1865.

Un año más tarde, Pithole tenía al menos 10.000 habitantes, 50 hoteles, una de las oficinas de correos más concurridas del país, dos estaciones de telégrafos y docenas de burdeles.

Algunos hombres hicieron fortunas, pero una economía real es compleja y autosuficiente. Pithole no era ninguna de esas cosas, y solo un año después ya había desaparecido.

Su auge petrolero no duró, pero nuestra sed por el combustible creció y creció. La economía moderna está empapada de petróleo.

Es la fuente de más de un tercio de la energía mundial.

Eso es más que el carbón y más del doble que las fuentes de energía nuclear, hidroeléctrica y renovable combinadas.

El petróleo y el gas juntos proporcionan una cuarta parte de nuestra electricidad y la materia prima para la mayoría de los plásticos.

Luego está el transporte.

Edwin Drake se había preguntado quién compraría gasolina, pero el motor de combustión interna estaba a punto de darle la respuesta.

Desde automóviles hasta camiones, desde buques de carga hasta aviones a reacción, el combustible derivado del petróleo todavía nos sigue trasladando -a nosotros y a otros objetos-.

Un estacionamiento repleto de autos
La gasolina nació como un subproducto menos valioso del crudo, pero hoy mueve al mundo.

No es de extrañar que el precio del petróleo sea posiblemente el precio más importante del mundo.

En 1973, cuando algunos estados árabes declararon un embargo a las ventas a varias naciones ricas, los precios aumentaron de US$3 a US$12 por barril en solo seis meses.

Eso produjo una desaceleración mundial, y en Estados Unidos hubo recesiones luego de los aumentos de precios en 1978, 1990 y 2001.

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Algunos economistas incluso creen que los precios récord del petróleo jugaron un papel importante en la recesión mundial de 2008, que convencionalmente se atribuye únicamente a la crisis bancaria.

A medida que avanza el petróleo, también lo hace la economía.

Pero, ¿por qué nos volvimos tan terriblemente dependientes de este producto?

Un joven Winston Churchill.
Un joven Winston Churchill.

El magistral libro sobre la historia del petróleo de Daniel Yergin, ‘The Prize” (El Premio), comienza con un dilema que enfrentó Winston Churchill.

Churchill había sido nombrado jefe de la Royal Navy (la Marina Real de Reino Unido) en 1911.

Una de las primeras decisiones que tuvo que tomar fue si el Imperio británico enfrentaría el desafío de una Alemania expansionista con nuevos acorazados propulsados por carbón galés, de origen seguro, o por petróleo de la lejana Persia (la actual Irán).

¿Por qué alguien confiaría en una fuente tan insegura? Porque los acorazados a petróleo aceleraban más rápidamente y mantenían una mayor velocidad, y además necesitaban menos hombres para lidiar con el combustible y tendrían más capacidad para armas y municiones.

El petróleo era simplemente un mejor combustible que el carbón.

La decisión de Churchill en abril de 1912 -que él mismo bautizó como una “zambullida fatídica”- reflejó la misma lógica que ha gobernado nuestra dependencia del petróleo, y moldeó la política global desde entonces.

Después de la decisión de Churchill, el Tesoro británico compró una participación mayoritaria en la Compañía de Petróleo Anglo-Persa, el antepasado de BP (originalmente British Petroleum).

Una huelga de petróleo en un campo de la Compañía de Petróleo Anglo-Persa en 1909.
Una huelga de petróleo en un campo de la Compañía de Petróleo Anglo-Persa en 1909.

En 1951, el gobierno de Irán nacionalizó la petrolera. “Es nuestra empresa”, protestaron los británicos. “Es nuestro petróleo”, respondieron los iraníes. El argumento se repetiría en todo el mundo durante las décadas posteriores.

A algunos países les fue muy bien. Arabia Saudita es una de las más ricas del planeta, gracias a sus grandes reservas de petróleo.

Su compañía petrolera estatal, Saudi Aramco, vale más que Apple, Google o Amazon.

Una de las sedes de Saudi Aramco
Saudi Aramco opera en 28 lugares alrededor del mundo y emplea a alrededor de 76.000 personas.

Aún así, nadie confundiría a Arabia Saudita con una economía compleja y sofisticada como la de Japón o Alemania. Quizás es un poco más como Pithole en una escala mayor.

En otros lugares, desde Irak hasta Irán, desde Venezuela hasta Nigeria, pocos países ricos en petróleo han prosperado gracias a este descubrimiento. Los economistas lo llaman la “maldición del petróleo”.

Juan Pablo Pérez Alfonzo, ministro de Petróleo de Venezuela a principios de la década de 1960, tenía una descripción más vívida. “Es el excremento del diablo“, declaró en 1975. “Nos estamos ahogando en el excremento del diablo”.

¿Por qué es un problema tener mucho petróleo?

Exportarlo aumenta el valor de tu moneda, lo que puede hacer que todo lo que no sea petróleo sea prohibitivamente caro de producir en ese país.

Significa que puede ser difícil desarrollar industrias manufactureras o de servicios complejos.

Históricamente, muchos políticos han tratado de monopolizar el petróleo de su país para ellos y sus aliados. Las dictaduras no son infrecuentes. Hay dinero -para algunos- pero esas economías tienden a ser débiles y frágiles.

Esa es una razón por la que podríamos esperar que algo reemplace al petróleo. El cambio climático, obviamente, es otra.

Pero el petróleo hasta ahora se ha resistido obstinadamente a ceder a las baterías. Esto se debe a que las máquinas que se mueven deben llevar consigo su propia fuente de energía, y cuánto más ligeras, mejor.

Un kilogramo de gasolina almacena la misma cantidad de energía que 60 kg de baterías, y tiene la conveniente característica de desaparecer después de su uso. Las baterías vacías, por desgracia, son tan pesadas como las llenas.

Planta de baterías de Tesla
La compañía de automóviles eléctricos Tesla está desarrollando tecnología pionera en baterías.
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Los autos eléctricos finalmente comienzan a abrirse paso. Los aviones jumbo eléctricos son un desafío más difícil.

Hubo un momento en el que parecía que el petróleo simplemente comenzaría a agotarse -se lo llamó “pico del petróleo”- lo que impulsó precios cada vez más altos y nos dio el ímpetu para avanzar hacia una economía limpia y renovable.

Pero de hecho, hoy el petróleo se descubre mucho más rápido de lo que se consume.

Esto se debe en parte al rápido crecimiento de la fracturación hidráulica, o “fracking”, un proceso controvertido por el cual se bombea agua, arena y productos químicos bajo tierra a alta presión para liberar petróleo y gas.

Una plataforma de fracking en el campo petrolero de la Cuenca Pérmica en Texas
La Administración de Información Energética de EE.UU. estima que aproximadamente la mitad de la producción total de petróleo crudo del país proviene del “fracking”.

El fracking se parece más a la fabricación que a la exploración y producción petrolera tradicional.

Está estandarizado, disfruta de ganancias rápidas de productividad y el proceso comienza y se detiene dependiendo de si el precio es correcto.

Muchos críticos han expresado temores sobre sus posibles consecuencias ambientales a largo plazo.

No obstante, la Cuenca Pérmica, sede de la industria del fracking estadounidense, ya produce más petróleo que los 14 miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), incluyendo a Arabia Saudita e Irak.

Parece que todavía nos estamos ahogando en el “excremento del diablo”, y podríamos continuar así por algún tiempo.

Fuente: BBC Mundo.

se Proyecta una recesión mundial de al menos el 6% para 2020 por la pandemia


La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) prevé una recesión mundial de 6% para 2020 si la pandemia de covid-19 “permanece bajo control” y de 7,6% en caso de una segunda ola, de acuerdo con las perspectivas económicas publicadas este miércoles.

Para 2021, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) anticipa un fuerte rebote en el primer caso con un crecimiento de 5,2%, que se verá limitado al 2,8% si se produce una segunda ola de la pandemia.

“La elección entre salud y economía es un falso dilema. Si la pandemia no es controlada, no habrá recuperación económica robusta”, advirtió por videoconferencia el secretario general de la OCDE, el mexicano Ángel Gurría, en referencia al impacto de la pandemia que obligó a confinar a la mitad de la humanidad.

A principios de marzo, mientras que el coronavirus ya había golpeado de lleno a China pero todavía no a las otras grandes economías del planeta, la OCDE apostaba aún a un crecimiento mundial de 2,4% para este año.

Se registre o no una segunda ola del nuevo coronavirus, “al final de 2021 la pérdida de ingresos superará a la de todas las recesiones anteriores de los últimos cien años salvo en periodo de guerra, con consecuencias terribles y duraderas para las poblaciones, las empresas y los gobiernos”, afirma la jefe economista de la OCDE Laurence Boone.

La zona euro se verá particularmente afectada con un retroceso previsto del Producto Interior Bruto (PIB) de 9,1% en el escenario más favorable, y de 11,5% en caso de segunda ola en 2020.

España sufrirá una caída de 11,1% en caso de que la pandemia ya haya pasado, y de 14,4% en caso de nueva ola.

En América Latina, Argentina tendrá un retroceso de 8,3% y 10,1% en su PIB respectivamente según ambos escenarios posibles.

El impacto será algo más leve en Brasil: -7,4% o -9,1%. Para México las estimaciones son similares, con una caída de 7,5% u 8,6%, de acuerdo al escenario.

Para Estados Unidos, la OCDE prevé una caída del PIB de 7,3% u 8,5%, respectivamente según los escenarios.

China, que el año pasado creció 6,1%, sufrirá en 2020 una contracción de 2,6% en su economía, que puede ser de 3,7% si el virus regresa con fuerza.

– De la integración a la fragmentación –

Gurría instó a que la crisis actual sea la ocasión para una transición hacia un “crecimiento más sólido y más duradero”. “El objetivo no es regresar a la normalidad”, porque “la normalidad es lo que nos llevó adonde nos encontramos actualmente”.

Por su lado la jefa economista de la OCDE sostuvo que “en todas partes, el confinamiento ha reforzado las desigualdades entre los trabajadores”, ya que los más calificados han podido recurrir al teletrabajo y los más jóvenes y menos calificados están “a menudo en primera línea” en la lucha contra la pandemia.

La pandemia del nuevo coronavirus “aceleró el vuelco de una ‘gran integración’ a una ‘gran fragmentación'” de la economía mundial con la aparición de “restricciones adicionales al comercio y las inversiones”, afirma Boone.

Para que las economías puedan recuperarse, la OCDE propone “reforzar los sistemas de salud” y “facilitar las evoluciones de los oficios reforzando al mismo tiempo la protección de los ingresos”, así como “volver más resistentes a las cadenas de abastecimiento”.

“Los gobiernos tienen que aprovechar esta oportunidad para concebir una economía más justa y duradera, volver más inteligentes a la competencias y las regulaciones, modernizar la fiscalidad, los gastos y la protección social”, continúa Boone.

La jefa economista de la OCDE apunta en particular al papel esencial de la confianza, sin la cual ni el consumo ni la inversión se recuperarán.

Fuente: EFE