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¿Dónde pongo mis ahorros cuando hay inflación y restricciones a la compra de dólares?


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En economías con alta inflación y restricciones a la compra de divisas extranjeras, puede parecer imposible resguardar nuestros ahorros. Xavier Serbiá te da ocho alternativas que pueden serte útiles.

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Incremento en precios de pasajes y combustibles provocan inflación de 0.78% en agosto


Aumentó el precio de los plátanos verdes, plátanos maduros, cebollas, huevos, guandules verdes, arroz, papa, pasta de tomates, leche en polvo y otros.

De acuerdo con el Banco Central, la inflación en el mes de agosto fue de 0.78%, siendo el sector Transporte el que registró un mayor crecimiento con un 1.51%.

La publicación de la institución monetaria explica que esta variación en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en el mes de agosto de 2020 responde principalmente a los incrementos de tarifas verificados en los servicios de transporte en autobuses sindicalizados (7.20 %), en motoconcho (7.17 %), en carro público (1.97 %) y en autobús urbano (2.10%), los cuales aún reflejan el efecto rezagado del aumento de los combustibles en los meses de mayo-julio.

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Además, se registraron incrementos de precios en los pasajes aéreos (12.37%), en las motocicletas (1.07%), así como en el servicio de reparación de vehículos (0.47%).

La entidad financiera destacó en su informe que en cuanto a los precios de los combustibles, los cuales se ajustan semanalmente por la disposición del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) en cumplimiento a la Ley 112-00 sobre Hidrocarburos, el gas licuado (GLP) para vehículos aumentó en 4.73%, mientras que el precio promedio de las gasolinas, regular y Premium, en el mes de agosto se mantuvo prácticamente invariable con respecto a julio, atenuando parcialmente el comportamiento del grupo.

Actividades económicas

El Banco Central resaltó que otros grupos de mayor aporte a la inflación del mes de agosto de 2020 fueron Alimentos y Bebidas No Alcohólicas (0.72 %) y Vivienda (1.02 %). En menor medida, incidieron las variaciones de los grupos Salud (0.91 %), Bienes y Servicios Diversos (0.63 %) Educación (0.77 %).

El aumento de los alimentos y bebidas, según el Banco Central, responde a las alzas registradas en los precios de varios rubros de alta ponderación en la canasta familiar y que en algunos casos sus plantaciones se vieron afectadas por el paso de las tormentas Isaac y Laura por el país, como son los plátanos verdes (19.04 %), plátanos maduros (17.12%), cebollas (6.70%), huevos (3.33%), guandules verdes (5.98 %), arroz (0.53%), agua purificada (1.40 %), habichuelas rojas (2.37%), auyama (9.41 %), guineos verdes (1.41 %), papas (2.81%), pasta de tomate (1.44%) y leche en polvo (0.66%).

Otros alimentos bajaron de precio, como el pollo fresco (-10.41%) y los aguacates (-12.37%) compensando parcialmente el incremento del grupo.

Vivienda y salud

La variación de 1.02% reflejada en este sector, se explica esencialmente por el alza de 4.73% en el precio del gas licuado de petróleo (GLP) de uso doméstico, y de 1.22% en el precio de la pintura, mientras el servicio de alquiler de vivienda registró una variación prácticamente neutral (0.04%).

En cuanto al IPC del grupo Salud, el mismo creció 0.91% en el mes de agosto de 2020 respecto a julio, debido principalmente a los aumentos de precios de los antihipertensivos (1.59%), internamientos (1.03%) y los servicios de análisis de laboratorio (1.28%).

Fuente: Listín Diario

Venezuela, el país sin billetes (propios)


El billete de más alta denominación en Venezuela equivale a 0.16 centavos de dólar

Dos cafés, 1 millón de bolívares; una pizza congelada, casi 3 millones; un paquete de salchichas, 1.4 millones; 1 dólar, 306,000 bolívares. El billete de más alta denominación, 50,000 bolívares.

En Venezuela, la imparable devaluación ha superado un nuevo hito que deja su existencia en mínimos solo comparables con las grandes tragedias económicas de la historia.

La última barrera la superó esta misma semana cuando, tras una devaluación del 10 %, el precio del dólar superó los 300,000 bolívares soberanos por cada divisa estadounidense, es decir, el billete de 50,000 supone 0.16 centavos de la moneda estadounidense.

Así que, si en Venezuela se quiere comprar un dólar, se necesitan seis billetes de la más alta denominación. Y si lo que se quiere es tomar un café acompañado, son 20, algo imposible de compilar puesto que los cajeros no suelen disponer de cantidades superiores a los 100,000 bolívares.

UNA MONEDA EN EXTINCIÓN

El economista Guillermo Arcay resume la situación actual en una frase: ‘La gente pasó de reirse de Venezuela por ser un país con muchos ceros en sus billetes a ser un país donde, simplemente, no hay billetes’.

Sencillamente, ya no se emiten billetes cada vez de más alta denominación con ese fin folclórico de sumar ceros, las cantidades en bolívares que tienen los venezolanos en sus cuentas crecen mientras mengua su valor.

‘Los saldos monetarios reales que tienen los venezolanos en sus cuentas son tan pequeños que la gente tiene menos de un día de consumo en bolívares en su cuenta’, explica Arcay.

Se trata de cantidades pequeñas si se calculan en moneda extranjera, pero si un venezolano decide cambiar 20 dólares para hacer algún tipo de compra se encontrará con seis millones de bolívares en su cuenta, una fugaz sensación de riqueza.

Por eso, la tarjeta es apenas una suerte de monedero que contiene todos los ceros que ya no caben en los billetes y que dan una muy baja capacidad de compra.

Así, la compra de esos dos cafés que permitirán a sendos amigos compartir un momento de calma, sucederá sin billetes venezolanos. El camarero pronuncia la cifra, un millón, los dos amigos pondrán la habitual cara de sorpresa e indignación. Uno de ellos ofrecerá su tarjeta y de su depósito saldrá un millón de bolívares que pasarán al banco del propietario.

Eso sí, es probable que esa cantidad que hoy supone 3.3 dólares en la cuenta del propietario se transforme, por la magia de la devaluación, en apenas 3 dólares (o menos) en unos días.

DOS RECONVERSIONES (Y MEDIA)

El caos y la caída en picado asociada a la hiperinflación comenzó en noviembre de 2017, pero para ver los orígenes del descalabro es necesario remontarse una década antes porque el bolívar es la tercera moneda venezolana en 13 años.

En 2008, el entonces Gobierno venezolano enterró definitivamente el bolívar y creó el bolívar fuerte. Cada moneda nueva suponía mil de las antiguas. En 2018, hizo lo mismo con el bolívar fuerte, que fue sustituido por el bolívar soberano, el actual, al que le dio un cambio de 100,000. Es decir, primero le fueron sustraídos tres ceros a la moneda y posteriormente cinco más.

Por tanto, el billete de 50,000 bolívares soberanos tiene ya ocho ceros elípticos y su valor teórico sería el de cinco billones de bolívares. Y supone apenas 0.16 dólares.

UNA HIPERINFLACIÓN INCOMPARABLE

Arcay afirma que la hiperinflación es incomparable con otras que se han vivido en América Latina por la duración y contexto, que llegó a su culmen ‘en enero de 2019, con una tasa de inflación mensual de 263 %, lo que equivale a una pérdida de valor del bolívar de casi tres cuartas partes’ en 31 días.

Es decir, quien a inicios de mes tenía bolívares por valor de 20 dólares, tenía 15 al terminar enero pese a no haber gastado nada.

‘Entonces, el Gobierno entendió que tenía que parar de emitir dinero, de emitir bolívares frescos y para hacer eso tenía que reducir el gasto, porque la razón por la que emitían los bolívares es porque había una brecha entre ingresos y egresos fiscales’, subraya el economista.

En 2020, se ha pasado a una fase que Arcay define como ‘más tenue’ pues ‘el efecto de caída de la demanda de dinero era menor y solo se hacía sentir el incremento de oferta de dinero’.

Por eso, la inflación acumulada en los siete primeros meses está entre el 200 y el 300 %, lo que equivale solo a enero de 2019 ‘pero, sin embargo, esa tasa sigue siendo la más alta del mundo’.

Sin embargo, según los datos del Parlamento, Venezuela acumuló una inflación de 843.44 % en los primeros siete meses de 2020, con un incremento de los precios del 55.05 % en julio pasado.

DIRECTO AL ‘TOP 10’

‘Venezuela está a punto de cumplir tres años en hiperinflación. Estamos en el ‘top 10′ de hiperinflaciones más largas de la historia, por detrás de Nicaragua, que duró cinco años’ y de Grecia, que duró más de cuatro, señala Arcay.

A pesar de esto, matiza que algunos casos como Brasil o Argentina, entre finales de los 80 y primeros de los 90; Bolivia, entre 1984 y 1985, o Perú, en 1990, podían ser comparables al inicio de la hiperinflación venezolana.

‘Pero Venezuela se diferencia no solo en magnitud porque hemos tenido la hiperinflación más aguda en la historia latinoamericana sino en longitud’, asegura.

UNA COYUNTURA DE CRISIS DENTRO DE UN CRAC GENERAL

Arcay recuerda que Venezuela ya no está solo inmersa en hiperinflación, la principal diferencia con otras crisis similares es que el país está, además, ‘en su séptimo año de recesión, han desaparecido tres cuartos del PIB y hay un proceso de dolarización espontáneo’.

Además, Venezuela ‘tiene tasas de desempleo bastante críticas, tasas de informalidad bastante críticas, una crisis humanitaria en proceso, un país con crisis educativa, crisis de salud’, por lo que se podría comparar ‘con otros países en cada una de esas magnitudes, pero no en todas a la vez’.

‘Venezuela, creo que es el único país que ha vivido todo eso a la vez. La única que podría llevarnos la contraria es la Unión Soviética entre 1921 y 1924, que estuvo en hiperinflación mientras estaba en postguerra, con su territorio destruido, muchos muertos y con epidemias internas’, concluye.

Por eso, lo más probable es que los dos amigos que toman el café, unos auténticos privilegiados en el contexto que les rodea, acaben pagando con billetes de dólares y, ante la falta de billetes, sean los 30 centavos los que paguen con su tarjeta venezolana.

Fuente: EFE.

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La onza de oro pulveriza máximos históricos, por encima de US$2,034


EFEMadrid, España

El oro, uno de los activos considerados refugio por parte de los inversores, alcanzó nuevos máximos históricos tras superar el nivel de los US$2,000 la onza, una cota que pulveriza este miércoles al alcanzar los US$2,034.20.

La plata, por su parte, también supera hoy máximos desde 2013, al situarse en los US$26.51.

Su precio más que duplica los mínimos alcanzados en marzo (estallido de la crisis del coronavirus), cuando llegó a situarse por debajo de los US$12.

No obstante, a la plata aún la queda recorrido para alcanzar sus máximos históricos, en US$49.80, alcanzados en abril de 2011.

En cuanto al oro, en lo que va de año supera el 30 % de revalorización, y ello, ante la debilidad del dólar y la caída en los intereses de la deuda.

Los analistas de Julius Baer atribuyen este hito del oro al temor que existe en el mercado a que la aprobación de más ayudas económicas en Estados Unidos para hacer frente a la crisis generada por el coronavirus, conduzca a un rápido aumento de la inflación, y en una caída del dólar, amenazas que, no obstante, no ven inminentes.

En este sentido, explican que si bien el dólar ha tenido una tendencia a la baja últimamente, este hecho se puede deber a razones cíclicas más que estructurales.

Fuente: Listín diario

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Banco Central mantiene tasa de política monetaria en 3.50% anual


La entidad señala que la inflación se recuperaría de manera gradual

Santo Domingo, RD

El Banco Central de República Dominicana (BCRD) decidió mantener su tasa de interés de política monetaria en 3.50% anual. Asimismo, la tasa de interés de la facilidad permanente de expansión (Repos a 1 día) permanece en 4.50% anual, mientras que la tasa de interés de depósitos remunerados (Overnight) se ubica en 2.50% anual.

La decisión sobre la tasa de referencia se basa en el análisis exhaustivo del impacto de la actual incertidumbre sobre la estabilidad macroeconómica y la evolución futura de la inflación. En ese sentido, la inflación mensual de mayo fue de -0.11%, mientras que la inflación acumulada durante los cuatro primeros meses del año fue -1.25%.

Por otro lado, la inflación interanual, es decir de mayo de 2019 a mayo de 2020, se moderó hasta 0.99%, por debajo del rango meta de 4.0% ± 1.0%, al tiempo que la inflación subyacente, que refleja las condiciones monetarias, alcanzó 3.10%.

Hacia adelante, el sistema de pronósticos del Banco Central señala que la inflación se recuperaría de manera gradual, ubicándose al cierre del año en torno al límite inferior del rango meta, lo cual otorga los grados de libertad al Banco Central para mantener una postura de política monetaria expansiva orientada a mitigar el impacto adverso del COVID-19 sobre la economía dominicana.

Panorama internacional

En el entorno internacional prevalece una alta incertidumbre, a pesar de que, en aquellas economías que han superado las fases más críticas de la pandemia, se han empezado a levantar las medidas de contención que obligaron el cese de actividades productivas y que han deteriorado la actividad económica de forma generalizada.

En este sentido, Consensus Forecasts y el Fondo Monetario Internacional (FMI) redujeron significativamente las proyecciones de crecimiento mundial, estimando contracciones de 4.7% y 4.9% en 2020, respectivamente. En respuesta al debilitamiento del crecimiento global, los bancos centrales alrededor del mundo continúan implementando medidas de flexibilización monetaria y de provisión de liquidez con el objetivo de apoyar las demandas internas de sus países.

En Estados Unidos, el FMI proyecta que la actividad económica se contraería durante el presente año, al pasar de una expansión de 2.3% en 2019 a -8.0% en 2020. En efecto, el crecimiento de la economía de este país se moderó a 0.3% interanual durante el primer trimestre, a la vez que se deterioró el mercado laboral durante este período. No obstante, en los meses recientes distintos indicadores comienzan a mostrar señales de una recuperación, incluyendo la reducción en el desempleo de 14.7% en abril a 13.3% en mayo, así como los repuntes de las ventas minoristas y del consumo de bienes durables.

En este contexto de bajo crecimiento y ausencia de inflación, la Reserva Federal (Fed) ha adoptado un grupo de medidas monetarias expansivas, previéndose que la tasa de fondos federales se mantendría en el rango de 0% – 0.25% hasta el año 2022.

En cuanto a la Zona Euro, se proyecta que el COVID-19 provocará una contracción aún mayor en este bloque de países, que pasaría de un crecimiento de 1.3 % en 2019 a -10.2 % para 2020, de acuerdo al FMI, afectado por la caída de la producción industrial y las disrupciones del comercio internacional.

Como respuesta a este difícil panorama, el Banco Central Europeo (BCE) mantiene la tasa de depósitos de corto plazo (Overnight) en -0.50 % anual, a la vez que flexibilizó las condiciones del programa de canalización de crédito privado a través de las entidades financieras y amplió el programa de compra de títulos públicos y privados en el mercado secundario.

Fuente: Listín Diario

Vienen más emisiones de bonos soberanos en un complejo escenario fiscal


Las nuevas colocaciones de deuda serán a rendimientos mayores para cubrir el costo de la incertidumbre.

La próxima semana el Ejecutivo enviará al Congreso Nacional un presupuesto complementario que replantea el uso de los recursos fiscales, afectados por la pandemia. Más gastos, más financiamiento y menos ingresos son los elementos centrales que ya se ha asomado, producto del impacto del COVID-19 en la economía.

Durante una entrevista con Noticias SIN, el ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Juan Ariel Jiménez, adelantó que la reforma de las cuentas presupuestarias de este año incluirá una expansión del límite de endeudamiento, debido a mayores necesidades de financiamiento.

“Conforme se apruebe el presupuesto complementario, se le daría autorización al Poder Ejecutivo de hacer una emisión de bonos internacionales, por ejemplo, los soberanos, mayor a lo originalmente previsto”, dijo Jiménez durante la entrevista.null

Ya en enero el gobierno agotó casi todo lo permitido en emisiones de deuda en los mercados internacionales, tras colocar 2,500 millones de dólares en bonos soberanos. Con ello copó más del 80 % del límite de endeudamiento externo permitido para este año.

El titular del despacho económico no señaló los nuevos topes de deuda que se podrá colocar este año, pero lo cierto es que esos compromisos serán más costosos para el país.

El precio de la incertidumbre

Desde la declaratoria del COVID-19 como una pandemia en marzo pasado, los niveles de incertidumbre se han disparado en el mundo. Entre los afectados están los países emergentes, que tienen más riesgo de inestabilidad financiera a la hora de una crisis.

Por eso, calificadoras de riesgo como Fitch y Standard & Poor’s han puesto la perspectiva de la deuda dominicana a largo plazo como negativa. Esas evaluaciones hacen que, para que los bonos de deuda se ofrezcan a mayores tasas de rendimiento para que sean atractivos para los inversionistas.

Aunque el financiamiento significa un oxígeno ante la caída de los ingresos generada por la crisis del COVID-19, a largo plazo su costo se incrementa. Y ya la deuda pública dominicana marchaba en esa tendencia.

Por los compromisos ya contraídos antes de toda la crisis, para abril el Estado había pagado 1,616.5 millones de dólares en servicio de deuda e intereses. La deuda dominicana del sector público no financiero hasta el mes pasado se situaba en 38,460.1 millones de dólares.

Según los datos del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (Crees), en los últimos años solo el pago de intereses de deuda se ha incrementado paulatinamente hasta llegar a representar un 23 % de los ingresos tributarios en 2019.

Fuente: Diario Libre.

Por qué la inflación pudiera venir después de la pandemia


Diario Libre
  • Los gobiernos debieran financiar su deuda a las actuales tasas ultrabajas con los vencimientos más largos posibles

La pandemia se ha comparado con una guerra, aunque es una guerra contra una enfermedad, no contra otros humanos. Al igual que una guerra, está transformando las economías y exigiendo enormes aumentos en el gasto público y en el apoyo monetario. Ciertamente legará una deuda pública y unos balances de los bancos centrales mucho más elevados.

¿Esto significa que la pregunta de si este largo ciclo de deuda forzosamente terminará en inflación debe responderse afirmativamente? No, pero es posible que suceda. Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania eliminó su deuda de guerra interna con inflación durante la hiperinflación de 1923. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido emergió con una deuda fiscal del 250 por ciento del producto interno bruto (PIB). Una inflación moderada ayudó a erosionar una parte de ella.

Entonces, ¿qué pudiera pasar ahora? Necesitamos comenzar desde las condiciones iniciales. Entramos en esta crisis con altos niveles de deuda privada, con bajas tasas de interés y con una persistentemente baja inflación. En el grupo de siete países líderes de altos ingresos, ninguno tiene una deuda cercana a la del Reino Unido en 1945. Pero la deuda neta de Japón era del 154 por ciento del PIB y la de Italia era del 121 por ciento del PIB antes de la crisis.null

El impacto económico de Covid-19 es diferente al de una gran guerra. Las guerras reestructuran las economías y destruyen el capital físico. El coronavirus ha reducido las economías al suprimir tanto la oferta como la demanda que dependen del contacto humano cercano. El impacto inmediato, como ha argumentado Olivier Blanchard, del Instituto Peterson para la Economía Internacional (PIIE, por sus siglas en inglés), parece altamente deflacionario: el desempleo se ha disparado; los precios de las materias primas se han derrumbado; gran parte del gasto se ha desvanecido; y los ahorros preventivos también se han disparado. Los patrones de consumo han cambiado tanto que los índices de inflación carecen de sentido.

Durante más de una década, los exagerados han argumentado que los balances ampliados de los bancos centrales son los precursores de la hiperinflación. Los seguidores de Milton Friedman sabían que esto estaba equivocado: la expansión del dinero de los bancos centrales compensó la contracción del dinero respaldado por crédito. Las amplias medidas de la oferta monetaria habían crecido lentamente desde la crisis de 2008.

Pero esta vez es realmente diferente. Durante los últimos dos meses “US M2” — una medida que incluye la demanda, los ahorros y los depósitos por períodos fijos — y “Divisia M4” — un índice más amplio que pondera los componentes por su papel en las transacciones — han mostrado enormes aumentos en el crecimiento. Si eres monetarista, como Tim Congdon, la combinación de una limitada producción con un rápido crecimiento monetario pronostica un salto en la inflación. Pero es posible que la pandemia haya reducido la velocidad de circulación: es posible que las personas se aferren a este dinero, no que lo gasten. Pero no se puede estar seguro. Yo nunca olvidaré el aumento casi universalmente inesperado de la inflación en la década de 1970. Esto pudiera suceder nuevamente.

¿Y qué sucederá a largo plazo? El Sr. Blanchard ha sugerido que es probable que veamos más de lo mismo: una demanda estructuralmente débil, baja inflación y tasas de interés ultrabajas, lo cual describe la situación que Japón ha tenido durante una generación. El cambio de China hacia un crecimiento más lento y hacia una inversión más débil agrega aún más incertidumbre a este panorama. El Sr. Blanchard ha propuesto tres razones por las cuales la inflación pudiera sorprender al alza: incrementos en los ratios de deuda pública mucho mayores que los 20-30 puntos porcentuales actualmente anticipados; un enorme salto en las tasas de interés necesarias para mantener las economías operando cerca de la producción potencial; y el “dominio fiscal”, o la subordinación del banco central a las demandas gubernamentales de financiación barata.

No se puede descartar el aumento de los ratios de deuda. Pero, tal como están las cosas, los países que parecen más expuestos fiscalmente son Japón e Italia. El primero no ha sido capaz de elevar la inflación durante años. El segundo está, por ahora, contenido en la eurozona. En cuanto a las tasas de interés, Charles Goodhart, de la Escuela de Economía de Londres, y Manoj Pradhan, un economista de negocios, han sostenido que se avecinan grandes cambios estructurales. El entorno deflacionario creado por el aumento de las exportaciones chinas y por la globalización ha terminado. La presión salarial aumentará. Cuando el aumento en el gasto alimentado por la generosidad fiscal y monetaria se desborde a la inflación, será visto como temporal, o será simplemente bienvenido, conforme la carga real de la deuda se erosiona.

Entre los beneficiarios de esta erosión de la carga real de la deuda, según los autores, estarán los gobiernos. Los políticos se enfurecerán si los bancos centrales elevan las tasas de interés por encima del crecimiento del PIB nominal y fuerzan una reducción fiscal más allá de la necesaria para frenar los enormes déficits fiscales creados (correctamente) por los programas de la crisis. La resistencia popular a la repetición de los recortes en el gasto público que se produjeron después de la crisis financiera será intensa. Sin embargo, también habrá una intensa resistencia a los impuestos más altos necesarios para reducir los déficits fiscales conforme se restablezca el pleno empleo.

Los gobiernos entonces probablemente exigirán financiación barata por parte del banco central, probablemente reforzada por otras formas de represión financiera, incluyendo los controles de capital, que serán justificadas como una expresión deseable de soberanía nacional.

¿Es parte de esto inevitable? Definitivamente no. Los gobiernos prudentes debieran financiar toda su deuda a las actuales tasas ultrabajas con los vencimientos más largos posibles.

Fuente: Diario Libre.