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Impuesto a las grandes fortunas recaudaría 26.504 millones de dólares en Latinoamérica


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Un impuesto a las grandes fortunas permitiría recaudar, cuando menos, 26.504 millones de dólares anuales en América Latina, un monto con el que se podría garantizar la cobertura universal y gratuita de la vacuna contra la covid-19 en la región o combatir el hambre en personas de extrema pobreza.

Esta propuesta fue lanzada por la Red Latinoamericana por Justicia Económica y Social (Latindadd), una organización integrada por 24 instituciones y organizaciones sociales de 13 países de la región, en su informe “Ahora o nunca: impuestos a la riqueza y las grandes fortunas en América Latina y el Caribe”.

“Este estudio-informe es parte de una campaña que vamos a desarrollar a lo largo de todo el 2021 sobre el impuesto a la riqueza, pero, en general, sobre una reforma tributaria para enfrentar la pandemia y la pospandemia”, señaló a Efe el coordinador general de Latindadd, Carlos Bedoya.

Más pobres, más millonarios

El documento remarcó que la crisis causada por la pandemia hará retroceder en más de 15 años la lucha contra la pobreza en la región, ya que a finales de este año unos 45 millones de personas habrán caído en la pobreza mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) se desplomará cerca de un 9,1%.

A pesar de ello, los mil millonarios de la región aumentaron su riqueza en 48.200 millones de dólares durante el periodo más estricto del confinamiento y “fueron los grandes ganadores de la crisis”, según el texto de autoría de la economista Rosa Cañete.

“Ese es un dato que ya rebalsa lo que para nosotros es una permanente inequidad en la distribución del ingreso: América Latina es la región que siempre ha sido la más inequitativa en la distribución del ingreso, el 10% más rico capta 22 veces más la renta nacional que el 10% más pobre, el 1% de los más ricos obtiene el 21% de los ingresos de toda la economía”, agregó Bedoya.

El representante consideró que esto “es inmoral cuando mucha gente ha perdido su empleo, sus ingresos, su vida” y, por ese motivo, este “es el momento de modificar la estructura tributaria”.

Impuesto para mejoras

De acuerdo con Latindadd, una estimación “conservadora” indica que un impuesto a las grandes fortunas tendría un potencial de recaudación en 20 países de la región de 26.504 millones anuales, aunque podría llegar al doble de ese monto.

Con ese dinero, añadió el documento, se podría cubrir el acceso gratuito y universal a la vacuna contra el virus SARS-CoV-2 en Latinoamérica, con lo que se salvaría la vida de hasta 2,5 millones de personas, o financiar un bono contra el hambre en personas de extrema pobreza durante seis meses en el continente.

Bedoya sostuvo que la crisis causada por la pandemia “pone por delante la primera tarea de corregir la falta de reforma fiscal de los últimos 30 años” en la región, que debe “gravar a las grandes fortunas”, pero también “subir las tasas a todo lo que son las rentas de capital, los dividendos de los accionistas, por ejemplo”.

“No estamos hablando de dinero productivo que va a la inversión, porque mucho se dice: cómo van a gravar en este momento si se necesita que las empresas inviertan. No nos estamos refiriendo al capital de inversión, sino a lo que se reparte a los accionistas, a lo que se acumula”, explicó.

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Golpe a arcas públicas

La crisis causada por la pandemia también está golpeando las arcas públicas, ya que la recaudación disminuirá del 18,5% del PIB regional en 2019 a un 17% este año, indicó el informe de Latindadd.

“Esta baja genera Estados nacionales con poca capacidad de incidir en la distribución del ingreso, en la garantía de derechos económicos, sociales y culturales y, por lo tanto, también en la respuesta a la crisis”, acotó.

En ese sentido, Latindadd indicó que el 50% de los ingresos tributarios de la América Latina y el Caribe proviene de impuestos al consumo “que no discriminan entre ricos y pobres y por lo tanto llegan a aumentar la desigualdad”, mientras que en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) “dependen tan solo un 33% de este tipo de impuestos”.

Por ese motivo, Bedoya reiteró que “la primera opción es grabar a las rentas de capital de manera más eficiente”, además de analizar un impuesto a la gerencia y revisar el impuesto a las casas de lujo y a las grandes concentraciones de tierras, con excepción de las comunidades campesinas.

La organización ha calculado que con un impuesto de 2% por encima del millón de dólares “de manera muy conservadora” se podría recaudar los 26.000 millones de dólares y con la revisión del impuesto predial un estimado de 22.000 millones de dólares al año.

Un tema político

El representante remarcó que “el tema tributario es el más político de la economía, porque tiene que ver con cuánto no cobras, sobre todo a sectores donde actúan las elites del poder económico”.

De esa manera, señaló, se ha generado “una masa crítica y una serie de ideas que de alguna manera soportan el argumento de que no es eficiente cobrar impuestos a las riquezas, porque se va la inversión”.

“Hay una distorsión ahí entre lo que es inversión y riqueza acumulada, o que los estados son corruptos o que se recauda muy poco en los países en que se cobra en América Latina. Hay un argumento político, no técnico, porque todas esas afirmaciones normalmente no tienen un sustento empírico o de estudios”, remarcó.

En ese sentido, el impuesto a la riqueza alcanzaría “al 0,1% de la población”, pero se han generado “ideas en la población y en la clase media de que esto no es conveniente”.

iniciativas en países

Latindadd planea reunirse con parlamentarios de países como Chile, donde ya hay un proyecto de impuestos para los superricos, mientras que en Perú hay proyectos que se dirigen a “una base más grande”, al comprender a cerca del 10% de la población, detalló.

El impuesto “en Uruguay ya existe, en Colombia ya existe”, agregó Bedoya tras decir que en Bolivia y Argentina también hay impuestos al patrimonio neto, por lo que concentrarán su campaña “en esos países en los que falta aprobar”, entre ellos los de Centroamérica.

“El objetivo de la política tributaria es generar igualdad y en los últimos años eso ha sido todo lo contrario, si no es ahora ¿cuándo?. “Ahora o nunca”, es el título de nuestro informe”, recordó.

Fuente: El Economista

Impuesto a las grandes fortunas recaudaría 26.504 millones de dólares en Latinoamérica


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Centro financiero en Lima (Perú). Foto: EFE/Paolo Aguilar/Archivo

Un impuesto a las grandes fortunas permitiría recaudar, cuando menos, 26.504 millones de dólares anuales en América Latina, un monto con el que se podría garantizar la cobertura universal y gratuita de la vacuna contra la covid-19 en la región o combatir el hambre en personas de extrema pobreza.

Esta propuesta fue lanzada por la Red Latinoamericana por Justicia Económica y Social (Latindadd), una organización integrada por 24 instituciones y organizaciones sociales de 13 países de la región, en su informe “Ahora o nunca: impuestos a la riqueza y las grandes fortunas en América Latina y el Caribe”.

“Este estudio-informe es parte de una campaña que vamos a desarrollar a lo largo de todo el 2021 sobre el impuesto a la riqueza, pero, en general, sobre una reforma tributaria para enfrentar la pandemia y la pospandemia”, señaló a Efe el coordinador general de Latindadd, Carlos Bedoya.

Más pobres, más millonarios

El documento remarcó que la crisis causada por la pandemia hará retroceder en más de 15 años la lucha contra la pobreza en la región, ya que a finales de este año unos 45 millones de personas habrán caído en la pobreza mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) se desplomará cerca de un 9,1%.

A pesar de ello, los milmillonarios de la región aumentaron su riqueza en 48.200 millones de dólares durante el periodo más estricto del confinamiento y “fueron los grandes ganadores de la crisis”, según el texto de autoría de la economista Rosa Cañete.

“Ese es un dato que ya rebalsa lo que para nosotros es una permanente inequidad en la distribución del ingreso: América Latina es la región que siempre ha sido la más inequitativa en la distribución del ingreso, el 10% más rico capta 22 veces más la renta nacional que el 10% más pobre, el 1% de los más ricos obtiene el 21% de los ingresos de toda la economía”, agregó Bedoya.

El representante consideró que esto “es inmoral cuando mucha gente ha perdido su empleo, sus ingresos, su vida” y, por ese motivo, este “es el momento de modificar la estructura tributaria”.

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Impuesto para mejoras

De acuerdo con Latindadd, una estimación “conservadora” indica que un impuesto a las grandes fortunas tendría un potencial de recaudación en 20 países de la región de 26.504 millones anuales, aunque podría llegar al doble de ese monto.

Con ese dinero, añadió el documento, se podría cubrir el acceso gratuito y universal a la vacuna contra el virus SARS-CoV-2 en Latinoamérica, con lo que se salvaría la vida de hasta 2,5 millones de personas, o financiar un bono contra el hambre en personas de extrema pobreza durante seis meses en el continente.

Bedoya sostuvo que la crisis causada por la pandemia “pone por delante la primera tarea de corregir la falta de reforma fiscal de los últimos 30 años” en la región, que debe “gravar a las grandes fortunas”, pero también “subir las tasas a todo lo que son las rentas de capital, los dividendos de los accionistas, por ejemplo”.

“No estamos hablando de dinero productivo que va a la inversión, porque mucho se dice: cómo van a gravar en este momento si se necesita que las empresas inviertan. No nos estamos refiriendo al capital de inversión, sino a lo que se reparte a los accionistas, a lo que se acumula”, explicó.

Golpe a arcas públicas

La crisis causada por la pandemia también está golpeando las arcas públicas, ya que la recaudación disminuirá del 18,5% del PIB regional en 2019 a un 17% este año, indicó el informe de Latindadd.

“Esta baja genera Estados nacionales con poca capacidad de incidir en la distribución del ingreso, en la garantía de derechos económicos, sociales y culturales y, por lo tanto, también en la respuesta a la crisis”, acotó.

En ese sentido, Latindadd indicó que el 50% de los ingresos tributarios de la América Latina y el Caribe proviene de impuestos al consumo “que no discriminan entre ricos y pobres y por lo tanto llegan a aumentar la desigualdad”, mientras que en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) “dependen tan solo un 33% de este tipo de impuestos”.

Por ese motivo, Bedoya reiteró que “la primera opción es grabar a las rentas de capital de manera más eficiente”, además de analizar un impuesto a la gerencia y revisar el impuesto a las casas de lujo y a las grandes concentraciones de tierras, con excepción de las comunidades campesinas.

La organización ha calculado que con un impuesto de 2% por encima del millón de dólares “de manera muy conservadora” se podría recaudar los 26.000 millones de dólares y con la revisión del impuesto predial un estimado de 22.000 millones de dólares al año.

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Un tema político

El representante remarcó que “el tema tributario es el más político de la economía, porque tiene que ver con cuánto no cobras, sobre todo a sectores donde actúan las elites del poder económico”.

De esa manera, señaló, se ha generado “una masa crítica y una serie de ideas que de alguna manera soportan el argumento de que no es eficiente cobrar impuestos a las riquezas, porque se va la inversión”.

“Hay una distorsión ahí entre lo que es inversión y riqueza acumulada, o que los estados son corruptos o que se recauda muy poco en los países en que se cobra en América Latina. Hay un argumento político, no técnico, porque todas esas afirmaciones normalmente no tienen un sustento empírico o de estudios”, remarcó.

En ese sentido, el impuesto a la riqueza alcanzaría “al 0,1% de la población”, pero se han generado “ideas en la población y en la clase media de que esto no es conveniente”.

iniciativas en países

Latindadd planea reunirse con parlamentarios de países como Chile, donde ya hay un proyecto de impuestos para los superricos, mientras que en Perú hay proyectos que se dirigen a “una base más grande”, al comprender a cerca del 10% de la población, detalló.

El impuesto “en Uruguay ya existe, en Colombia ya existe”, agregó Bedoya tras decir que en Bolivia y Argentina también hay impuestos al patrimonio neto, por lo que concentrarán su campaña “en esos países en los que falta aprobar”, entre ellos los de Centroamérica.

“El objetivo de la política tributaria es generar igualdad y en los últimos años eso ha sido todo lo contrario, si no es ahora ¿cuándo?. “Ahora o nunca”, es el título de nuestro informe”, recordó.

Fuente: El Economista

Conozca cuáles han sido los impuestos más afectados por el COVID-19


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La recaudación del periodo enero-agosto de 2020 sumaron RD$280,417.2 millones, un descrecimiento de 13.9%.

Se sabe que la crisis sanitaria creada por la pandemia del COVID-19 laceró grandemente la economía nacional por la reducción dramática de las actividades económicas y esto, por supuesto, causó estragos en las recaudaciones del Estado, pero ¿sabes tú, cuáles fueron los impuestos más afectados hasta agosto?

Las recaudaciones por multas, recargos, intereses y sanciones fueron las que mayores bajas han sufrido en este periodo, con una variación relativa de -55%, cayendo de RD$3,878.28 millones en 2019 a RD$1,745.73 millones en este 2020.  

A este le sigue el impuesto por tarjetas de turismo y la contribución de salida de pasajeros  que cayó estrepitosamente este año por el cierre de los aeropuertos y bajas operaciones de las aerolíneas, con una variación de -54.5%, bajando de RD$7,691.98 millones el año pasado a RD$3,499.40 millones en este 2020.

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El impuestos a los juegos de azar y premios también tuvo una variación negativa de 49.1%, pasando de una recaudación de RD$2,101.45 millones en 2019 a RD$1,069.14 millones en 2020.

Con una caída de 43.1%, le sigue el impuesto sobre el traspaso de inmuebles cuyo monto recaudatorio bajó de RD$4,940.17 millones a RD$2,811.14 millones comparando el periodo enero-agosto del 2019 con este mismo periodo del 2020.

A estos le siguen el impuesto por marbete, primera placa, CO2 y traspaso de vehículo con una caída de 41.3%, el ISR sobre los dividendos con -26.6%, el ISR de empresas e impuesto sobre los activos con -26.2% y el impuesto selectivo de los combustibles (Ad-Valorem y especifico) con -25.1%.

La recaudación del periodo enero-agosto de 2020 alcanzó la cifra de RD$280,417.2 millones, lo que las autoridades tributarias reflejando un decrecimiento de 13.9% con respecto al mismo periodo del año anterior.

Fuente: Listín Diario

Coronavirus: qué es el “impuesto a las ganancias extraordinarias” aplicado en tiempos de guerra (y por qué algunos economistas creen que deberíamos usarlo hoy)


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Aunque evidentemente no estamos en medio de la Tercera Guerra Mundial, y la idea del “enemigo invisible” del que muchos hablan no es más que una metáfora, ante los devastadores efectos de la covid-19 no son pocos los que hacen la comparación bélica.

No solo por la pérdida de vidas, sino también por el alza del desempleo y el aumento de la pobreza.

Tan duras son las consecuencias, que algunos expertos argumentan que ante una situación tan excepcional, se requieren soluciones excepcionales, como, por ejemplo, la creación de un “impuesto a las ganancias extraordinarias” de las empresas, inspirada en un gravamen que se aplicó durante la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Básicamente, este impuesto -uno de los muchos que se han sugerido en estos meses- apunta a que todas aquellas empresas que han aumentado sus ganancias durante el período de la pandemia, paguen más impuestos.

¿Qué empresas?: las grandes farmacéuticas y las firmas tecnológicas, entre muchas otras compañías, cuya rentabilidad se ha disparado desde que el coronavirus se propagó por el mundo.

“Es hora de revivir el impuesto a las ganancias extraordinarias en tiempos de guerra para evitar el enriquecimiento oportunista“, argumenta Reuven Avi-Yonah, profesor de Derecho y director del Programa Internacional de Impuestos de la Universidad de Michigan.

“Es inadmisible que algunas corporaciones se beneficien. La mayoría está perdiendo por la pandemia y todos nosotros, los contribuyentes, estamos gastando dinero para ayudar a la gente que más lo necesita”, le explica a BBC Mundo.

Economistas como Emmanuel Saez y Gabriel Zucman -cercanos al autor francés Thomas Piketty-, y algunos abogados expertos en política tributaria también consideran la idea atractiva.

El objetivo, indican, es que el gigantesco costo económico de la pandemia sea un esfuerzo compartido.

Hasta ahora, gobiernos y bancos centrales han inyectado miles de millones de dólares para reactivar el consumo, responder a la falta de respiradores y camas, ayudar a las familias más vulnerables, a los desempleados y a las empresas afectadas por la paralización de la actividad económica.

Y una parte importante del gasto fiscal ha sido financiado con deuda que podría llegar a convertirse en una bomba de tiempo.

La gran duda es qué va a pasar cuando se acaben los subsidios de emergencia y no existan nuevos puestos de trabajo, dónde vivirá la gente que no puede pagar el arriendo o la hipoteca de su casa, o qué harán las personas con la despensa vacía. Preguntas que siempre surgen en momentos de crisis, tal como ocurrió durante la Primera Guerra Mundial.

La historia de un impuesto de guerra

En la época del conflicto, los gobiernos buscaron todos los caminos posibles para financiarlo y uno de ellos fue el impuesto a las ganancias extraordinarias, aplicado por países comoReino Unido, Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Francia, Italia y Estados Unidos.

Aunque tenía variantes y excepciones dependiendo de cada país, el objetivo era el mismo: contribuir al pago de la guerra y evitar que algunas empresa se beneficiaran, mientras el resto estaba en la ruina.

En el caso británico, al ver que algunos sectores estaban obteniendo una alta rentabilidad –particularmente los fabricantes de armas– el gobierno introdujo un impuesto a las ganancias extraordinarias (comparadas con las ganancias que tenía la empresa en antes de la guerra) de 50%.

Esa tasa fue aumentada al 80% en 1917 y fue eliminada en 1921. En aquella época no hubo mucha resistencia, ya que las personas lo asumían como parte de su “deber patriótico”.

Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, este gravamen volvió a ser implementado, con una tasa de 100% para las ganancias extraordinarias producto del conflicto.

El gobierno lo utilizó junto a otros impuestos para financiar parte de los gastos de la guerra. Reino Unido no gozaba de una buena salud económica, y requería utilizar todas las opciones a su alcance. En ese sentido, la medida fue considerada un éxito porque logró recaudar lo que se esperaba.

Sin embargo, el gasto bélico era tan gigantesco, que la principal vía para conseguir fondos no fue la recaudación tributaria, sino el endeudamiento fiscal.

“Reino Unido quedó en la bancarrota luchando en la guerra”, escribió Margaret MacMillan, profesora de Historia Internacional en la Universidad de Oxford.

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Estados Unidos siguió el mismo camino

En 1918 Estados Unidos también decidió aplicar un impuesto a las ganancias extraordinarias que, en una escala progresiva, llegó hasta un máximo de 80%. Y en la Segunda Guerra Mundial, llegó a ser de 95%.

Gravaba las ganancias directas e indirectas vinculadas con la guerra, mientras que la rentabilidad obtenida dentro de los niveles previos al conflicto armado se mantenía a la tasa corporativa normal de 21%.

“Fue un impuesto considerado exitoso. Recaudó una gran cantidad de ingresos públicos y fue políticamente popular.”, le dice a BBC Mundo Avi-Yonah.

El dinero recaudado por el gravamen contribuyó al financiamiento de los gastos bélicos y al posicionamiento de Estados Unidos como una de las grandes potencias en el nuevo orden mundial.

¿Nacional o internacional?

En Europa también existen voces que apoyan la propuesta de aplicar este gravamen de guerra en la actualidad.

“Hay empresas aprovechándose de la pandemia. Este impuesto es un asunto de solidaridad nacional“, afirma George Turner, director de la organización británica sin fines de lucro TaxWatch, en diálogo con BBC Mundo.

Pero frente a la idea de promover la solidaridad nacional, hay académicos que sostienen que este impuesto solo puede tener éxito si se aplica internacionalmente.

“La economía covid es como la economía de guerra”, le comenta a BBC Mundo Allison Christians, experta en Derecho Tributario de la Universidad McGill, en Montreal, Canadá.

El problema, advierte, es que este impuesto probablemente no funcionará si se implementa a nivel nacional porque las empresas transfieren sus capitales a países con bajos impuestos.

Es por eso que Christians propone un impuesto a las ganancias extraordinarias que se implemente a nivel global para evitar la fuga de capitales.

“Una idea ridícula”

Pero no todos apoyan el impuesto extraordinario.

“Ese tipo de idea es ridícula”, sostiene Chris Edwards, director de Estudios Tributarios del Cato Institute, en Washington, D.C, en diálogo con BBC Mundo.

El problema en una situación como la actual, dice, no es el exceso de ganancias, sino la escasez de ganancias en millones de pequeñas y grandes empresas, que debido a la crisis están despidiendo personas y reduciendo la inversión.

Según él, subir impuestos durante una recesión no tiene sentido”, ni desde una perspectiva conservadora, ni desde una liberal-keynesiana.

Al final, argumenta, todos los impuestos corporativos recaen de alguna manera sobre las personas, ya sea como accionistas, trabajadores o consumidores.

Si en este contexto de pandemia un gobierno quiere aumentar los ingresos fiscales, agrega, es más simple y transparente hacerlo directamente con las personas -y preferiblemente eliminando complejas deducciones y créditos-, no aumentando las tasas, advierte.

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“La historia tiende a repetirse”

Scott Hodge, presidente del centro de análisis estadounidense Tax Foundation, experto en política tributaria, presupuesto federal y gasto público, explica que históricamente el objetivo del impuesto a las ganancias extraordinarias ha sido penalizar a las empresas por su rentabilidad o recuperar las ganancias obtenidas a través de contratos gubernamentales durante el período de emergencia.

El problema, indica, es que en épocas de guerra “esos impuestos finalmente se aplicaron a la mayoría de las empresas”, incluso a aquellas que no tenían conexión con el conflicto bélico.

“Terminó desincentivando el emprendimiento y perjudicando a la economía“, apunta.

De hecho, argumenta, la última vez que el gobierno estadounidense aplicó este tipo de impuesto, fue cuando los precios del petróleo se dispararon a fines de la década de los 70 y principios de los 80.

Y en esa ocasión, afirma, el impuesto deprimió a la industria petrolera nacional y recaudó mucho menos ingresos de lo previsto.

“Deberíamos esperar un resultado similar” si se aplica un nuevo impuesto a las ganancias pandémicas dirigido a las empresas tecnológicas y farmacéuticas, opina Hodge.

“La historia fiscal tiende a repetirse”.

Hasta ahora, han surgido distintas propuestas para crear algún tipo de “impuesto covid” que permita financiar los enormes gastos de la crisis.

Muchas apuntan a gravar temporalmente los ingresos o la riqueza de las personas que tienen más dinero, mientras dure la crisis económica derivada de la pandemia. El debate de fondo sigue siendo, ¿quién va a pagar el costo de la pandemia?.

Y esa pregunta seguirá dando vueltas, probablemente, por un largo tiempo.

Fuente: BBC News Mundo