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FINANZAS DE LA MICRO, PEQUE;A Y MEDIANA EMPRESA.

Coronavirus: qué es el “impuesto a las ganancias extraordinarias” aplicado en tiempos de guerra (y por qué algunos economistas creen que deberíamos usarlo hoy)


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Aunque evidentemente no estamos en medio de la Tercera Guerra Mundial, y la idea del “enemigo invisible” del que muchos hablan no es más que una metáfora, ante los devastadores efectos de la covid-19 no son pocos los que hacen la comparación bélica.

No solo por la pérdida de vidas, sino también por el alza del desempleo y el aumento de la pobreza.

Tan duras son las consecuencias, que algunos expertos argumentan que ante una situación tan excepcional, se requieren soluciones excepcionales, como, por ejemplo, la creación de un “impuesto a las ganancias extraordinarias” de las empresas, inspirada en un gravamen que se aplicó durante la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Básicamente, este impuesto -uno de los muchos que se han sugerido en estos meses- apunta a que todas aquellas empresas que han aumentado sus ganancias durante el período de la pandemia, paguen más impuestos.

¿Qué empresas?: las grandes farmacéuticas y las firmas tecnológicas, entre muchas otras compañías, cuya rentabilidad se ha disparado desde que el coronavirus se propagó por el mundo.

“Es hora de revivir el impuesto a las ganancias extraordinarias en tiempos de guerra para evitar el enriquecimiento oportunista“, argumenta Reuven Avi-Yonah, profesor de Derecho y director del Programa Internacional de Impuestos de la Universidad de Michigan.

“Es inadmisible que algunas corporaciones se beneficien. La mayoría está perdiendo por la pandemia y todos nosotros, los contribuyentes, estamos gastando dinero para ayudar a la gente que más lo necesita”, le explica a BBC Mundo.

Economistas como Emmanuel Saez y Gabriel Zucman -cercanos al autor francés Thomas Piketty-, y algunos abogados expertos en política tributaria también consideran la idea atractiva.

El objetivo, indican, es que el gigantesco costo económico de la pandemia sea un esfuerzo compartido.

Hasta ahora, gobiernos y bancos centrales han inyectado miles de millones de dólares para reactivar el consumo, responder a la falta de respiradores y camas, ayudar a las familias más vulnerables, a los desempleados y a las empresas afectadas por la paralización de la actividad económica.

Y una parte importante del gasto fiscal ha sido financiado con deuda que podría llegar a convertirse en una bomba de tiempo.

La gran duda es qué va a pasar cuando se acaben los subsidios de emergencia y no existan nuevos puestos de trabajo, dónde vivirá la gente que no puede pagar el arriendo o la hipoteca de su casa, o qué harán las personas con la despensa vacía. Preguntas que siempre surgen en momentos de crisis, tal como ocurrió durante la Primera Guerra Mundial.

La historia de un impuesto de guerra

En la época del conflicto, los gobiernos buscaron todos los caminos posibles para financiarlo y uno de ellos fue el impuesto a las ganancias extraordinarias, aplicado por países comoReino Unido, Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Francia, Italia y Estados Unidos.

Aunque tenía variantes y excepciones dependiendo de cada país, el objetivo era el mismo: contribuir al pago de la guerra y evitar que algunas empresa se beneficiaran, mientras el resto estaba en la ruina.

En el caso británico, al ver que algunos sectores estaban obteniendo una alta rentabilidad –particularmente los fabricantes de armas– el gobierno introdujo un impuesto a las ganancias extraordinarias (comparadas con las ganancias que tenía la empresa en antes de la guerra) de 50%.

Esa tasa fue aumentada al 80% en 1917 y fue eliminada en 1921. En aquella época no hubo mucha resistencia, ya que las personas lo asumían como parte de su “deber patriótico”.

Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, este gravamen volvió a ser implementado, con una tasa de 100% para las ganancias extraordinarias producto del conflicto.

El gobierno lo utilizó junto a otros impuestos para financiar parte de los gastos de la guerra. Reino Unido no gozaba de una buena salud económica, y requería utilizar todas las opciones a su alcance. En ese sentido, la medida fue considerada un éxito porque logró recaudar lo que se esperaba.

Sin embargo, el gasto bélico era tan gigantesco, que la principal vía para conseguir fondos no fue la recaudación tributaria, sino el endeudamiento fiscal.

“Reino Unido quedó en la bancarrota luchando en la guerra”, escribió Margaret MacMillan, profesora de Historia Internacional en la Universidad de Oxford.

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Estados Unidos siguió el mismo camino

En 1918 Estados Unidos también decidió aplicar un impuesto a las ganancias extraordinarias que, en una escala progresiva, llegó hasta un máximo de 80%. Y en la Segunda Guerra Mundial, llegó a ser de 95%.

Gravaba las ganancias directas e indirectas vinculadas con la guerra, mientras que la rentabilidad obtenida dentro de los niveles previos al conflicto armado se mantenía a la tasa corporativa normal de 21%.

“Fue un impuesto considerado exitoso. Recaudó una gran cantidad de ingresos públicos y fue políticamente popular.”, le dice a BBC Mundo Avi-Yonah.

El dinero recaudado por el gravamen contribuyó al financiamiento de los gastos bélicos y al posicionamiento de Estados Unidos como una de las grandes potencias en el nuevo orden mundial.

¿Nacional o internacional?

En Europa también existen voces que apoyan la propuesta de aplicar este gravamen de guerra en la actualidad.

“Hay empresas aprovechándose de la pandemia. Este impuesto es un asunto de solidaridad nacional“, afirma George Turner, director de la organización británica sin fines de lucro TaxWatch, en diálogo con BBC Mundo.

Pero frente a la idea de promover la solidaridad nacional, hay académicos que sostienen que este impuesto solo puede tener éxito si se aplica internacionalmente.

“La economía covid es como la economía de guerra”, le comenta a BBC Mundo Allison Christians, experta en Derecho Tributario de la Universidad McGill, en Montreal, Canadá.

El problema, advierte, es que este impuesto probablemente no funcionará si se implementa a nivel nacional porque las empresas transfieren sus capitales a países con bajos impuestos.

Es por eso que Christians propone un impuesto a las ganancias extraordinarias que se implemente a nivel global para evitar la fuga de capitales.

“Una idea ridícula”

Pero no todos apoyan el impuesto extraordinario.

“Ese tipo de idea es ridícula”, sostiene Chris Edwards, director de Estudios Tributarios del Cato Institute, en Washington, D.C, en diálogo con BBC Mundo.

El problema en una situación como la actual, dice, no es el exceso de ganancias, sino la escasez de ganancias en millones de pequeñas y grandes empresas, que debido a la crisis están despidiendo personas y reduciendo la inversión.

Según él, subir impuestos durante una recesión no tiene sentido”, ni desde una perspectiva conservadora, ni desde una liberal-keynesiana.

Al final, argumenta, todos los impuestos corporativos recaen de alguna manera sobre las personas, ya sea como accionistas, trabajadores o consumidores.

Si en este contexto de pandemia un gobierno quiere aumentar los ingresos fiscales, agrega, es más simple y transparente hacerlo directamente con las personas -y preferiblemente eliminando complejas deducciones y créditos-, no aumentando las tasas, advierte.

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“La historia tiende a repetirse”

Scott Hodge, presidente del centro de análisis estadounidense Tax Foundation, experto en política tributaria, presupuesto federal y gasto público, explica que históricamente el objetivo del impuesto a las ganancias extraordinarias ha sido penalizar a las empresas por su rentabilidad o recuperar las ganancias obtenidas a través de contratos gubernamentales durante el período de emergencia.

El problema, indica, es que en épocas de guerra “esos impuestos finalmente se aplicaron a la mayoría de las empresas”, incluso a aquellas que no tenían conexión con el conflicto bélico.

“Terminó desincentivando el emprendimiento y perjudicando a la economía“, apunta.

De hecho, argumenta, la última vez que el gobierno estadounidense aplicó este tipo de impuesto, fue cuando los precios del petróleo se dispararon a fines de la década de los 70 y principios de los 80.

Y en esa ocasión, afirma, el impuesto deprimió a la industria petrolera nacional y recaudó mucho menos ingresos de lo previsto.

“Deberíamos esperar un resultado similar” si se aplica un nuevo impuesto a las ganancias pandémicas dirigido a las empresas tecnológicas y farmacéuticas, opina Hodge.

“La historia fiscal tiende a repetirse”.

Hasta ahora, han surgido distintas propuestas para crear algún tipo de “impuesto covid” que permita financiar los enormes gastos de la crisis.

Muchas apuntan a gravar temporalmente los ingresos o la riqueza de las personas que tienen más dinero, mientras dure la crisis económica derivada de la pandemia. El debate de fondo sigue siendo, ¿quién va a pagar el costo de la pandemia?.

Y esa pregunta seguirá dando vueltas, probablemente, por un largo tiempo.

Fuente: BBC News Mundo

Más de la mitad de las mipymes que cerraron por la pandemia no volverán a abrir


En sondeo realizado por el MICMM y el Intec, una gran parte de las encuestadas cree que la recuperación demorará más de 10 meses.

Un 52 % de las empresas que debieron detener totalmente sus actividades debido a la pandemia no volverán a abrir sus puertas, según reveló una encuesta relacionada en el sector por el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICMM) y el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec).

El reporte señala que poco más del 40 % de este tipo de establecimientos debió realizar un recorte de sus gastos para intentar sobrevivir.

El mayor peso de la crisis ha estado en un pérdida de la cartera de clientes, en problemas de liquidez o en retrasos en los pagos. La expectativa es que la recuperación del sector de Mipymes, dijeron los encuestados, demore más de 10 meses. Pero los hay optimistas también: poco más de un tercio de las empresas de este tipo estima que en menos de seis meses se podrá ver la recuperación.

Las medidas aplicadas por el gobierno para frenar la propagación del COVID-19 han sido devastadoras para las mipymes. El estudio revela que 98 % debió cerrar total o parcialmente debido a la crisis generada por la pandemia.

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Entre el 20 y el 32 % de los negocios que cerraron sus puertas se dedican a prestar servicios profesionales, mientras que 13.5 % fueron salones de belleza y un 8.5 % fueron restaurantes y servicios de alimentos preparados.

Entre un 24 y 29 % de los encuestados revelaron que debieron cancelar empleados como una de las medidas para recortar gastos.

Mientras algunas actividades económicas lograron ajustarse al teletrabajo, las mipymes no pudieron. Para el 54% de las empresas que cerraron totalmente debido a la crisis, la naturaleza de su negocio no les permitió aplicar el trabajo a distancia durante el confinamiento, lo que complicó más su situación.

La encuesta del MICMM y el Intec fue realizada entre 1,783 mipymes, la mitad de ellas ubicadas en el Gran Santo Domingo.

Ante los resultados, los investigadores recomendaron a las mipymes adaptarse a la nueva normalidad y avanzar en la incorporación de las tecnologías de la información y comunicación en sus procesos de producción.

Por otro lado, el MICMM y el Intec recomendaron que las empresas hagan lo posible por aplicar el teletrabajo. “Las ventajas de reunirse y coordinar trabajos de manera virtual representa un ahorro en tiempo, costo de traslado a oficinas y otros aspectos”, dice el informe.

Añadieron que es necesario entender que la crisis económica es inevitable y que el Gobierno debe poner en marcha políticas que conduzcan “de manera eficiente a la reactivación económica”, con la aplicación de medidas que añadan dinamismo a la actividad productiva.

Fuente: Diario Libre.

que es El gasto?


Cuando hablamos del gasto, nos referimos a una salida de dinero que no es recuperable, que disminuye el beneficio o aumenta la pérdida, por tal razón es que debemos de tomar la decisión de llevarlo a un destino apropiado, al igual que debemos de clasificarlo en diferentes categorías para darle una mejor optimización.

Para darle un buen uso a nuestro dinero es recomendable elaborar un presupuesto donde este será direccionado y priorizado con eficacia hacia su destino, o sea que identificaríamos exactamente a donde va nuestro dinero y obtendríamos un mejor control

Cabe destacar, que es de gran importancia clasificar nuestros gastos por orden de prioridades, dentro de las cuales tenemos, los gastos de vivienda, suministros, alimentos, bebidas no alcohólicas y transporte. Se podría decir, que estos gastos son de mayor prioridad para las familias.

Clasificando los gastos podremos entonces deducir cuáles son sus niveles de prioridad: Imprescindibles, Prescindibles, Extraordinarios, y los Imprevistos.

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Los gastos imprescindibles son aquellos que debemos afrontar necesariamente, como la vivienda y la alimentación.

Los gastos prescindibles son aquellos que podemos evitar o reducir y van asociados a los deseos y necesidades puntuales. Por ejemplo: La suscripción de un servicio que se usa poco.

Los gastos extraordinarios son aquellos que no suelen repetirse todos los meses como por ejemplo el seguro del vehículo.

Los gastos imprevistos son aquellos que nos toman de sorpresa porque no teníamos una previsión de que pudiera suceder. Como por ejemplo que se dañe el cargador de su laptop.

Debemos de tener claro, que para llevar una vida organizada, es necesario tener presente que necesitamos organizar nuestros gastos por prioridades para que así podamos identificar de manera eficaz cualquier tipo de fuga de dinero y así optar por las mejores decisiones para contrarrestarlo.

La Cepal teme más endeudamiento, hambre y enojo en AL por la pandemia


La debacle financiera por las medidas para enfrentar al COVID-19 puede llevar a un retroceso de 13 años, dice la jefa de la Cepal.

AFP.- La amenaza de una crisis alimentaria planea sobre América Latina, que superó el jueves el umbral de los 1.5 millones de casos por coronavirus y donde expertos en economía temen que esta sea “una década perdida” como efecto de la pandemia.

La debacle financiera generada por las medidas para enfrentar la pandemia “nos puede llevar a un retroceso de 13 años”, dijo Alicia Bárcena, secretaria general de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

“Nos preocupa que la región pueda salir de esta crisis más endeudada, más pobre, más hambrienta y con alto desempleo. Y sobre todo, enojada”, resaltó la funcionaria mexicana, que se refirió al porvenir de la región como “la recesión más grande de la historia”.

“Debemos ver cómo evitamos que la crisis sanitaria se convierta en una crisis alimentaria”, dijo Bárcena, en una conferencia virtual.

América es el actual epicentro del COVID-19. De México hasta Argentina se cuentan más de 74,000 fallecidos y 1.5 millones de infectados, según un recuento de AFP del jueves realizado a partir de informes oficiales.

Brasil, con 210 millones de habitantes, superó este jueves los 40,000 decesos y los 800,000 casos positivos, según estadísticas oficiales.

El papa Francisco reiteró su “solidaridad y afecto al pueblo brasileño”, en una llamada al arzobispo de Aparecida (Sao Paulo), Orlando Brandes.

En el gigante sudamericano ya han muerto 181 profesionales sanitarios por el COVID-19. Los enfermeros, la mayoría mujeres, lamentan las guardias maratónicas, los salarios bajos y la gran presión psicológica por temor a llevar el coronavirus a casa.

“No todas las heroínas llevan capa”, resume Flavia Menezes, técnica de Enfermería.

Perú, con 33 millones de habitantes, es el tercer país más golpeado por el virus tras Brasil y México. Este jueves reportó una jornada negra, al superar los 6,000 muertos por coronavirus y batir un récord de más de 200 decesos en 24 horas.

Al menos 170 policías han perdido la vida por coronavirus, de los 9,900 agentes que se han contagiado.

Carrera por la vacuna

En todo el mundo, el nuevo coronavirus ha dejado más de 420,000 muertos desde que apareció en diciembre en China, y 7,483,147 contagios confirmados, según el balance de AFP.

Las acciones de Hong Kong se desplomaron 2.29% en las primeras transacciones del viernes, tras una caída en Wall Street alimentada por la preocupación en torno a la recuperación económica y ante la posibilidad de una segunda ola de contagios en algunas partes de Estados Unidos, el país más afectado del mundo con casi 114,000 muertos y más de 2 millones de infectados.

Tras conocerse un aumento en el número de casos en varios estados, el gobierno estadounidense advirtió el jueves que no cerrará su economía si se produce una segunda ola.

La administración de Donald Trump apostó fuertemente a conseguir la vacuna contra el SARS-CoV-2, y uno de sus patrocinados, el laboratorio biotecnológico Moderna, anunció que su vacuna experimental entrará en la tercera y última fase de ensayos clínicos en julio con 30,000 voluntarios.

Moderna lleva, junto con la Universidad de Oxford que también lanzó un ensayo a gran escala con 10,000 voluntarios y espera los primeros resultados en septiembre, la delantera en esta carrera mundial, para la que recibió 483 millones de dólares del gobierno.

En Brasil, el gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, anunció casi en simultáneo la firma de un acuerdo de transferencia tecnológica con el laboratorio chino Sinovac Biotech para producir una vacuna que se probará con 9,000 voluntarios desde julio.

México, con más de 15,000 muertos y 130,000 casos, espera haber alcanzado el pico de la curva después de llevar “cerca de 17 o 18 días estancado el descenso” pero sin “patrón ascendente”, es decir, en una meseta, dijo el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell.

En Chile la curva sigue en ascenso, al igual que en Panamá, que batió su récord de infecciones diarias para acumular 17,884 y 413 muertes.

Abrir fronteras

La Comisión Europea pidió el jueves que se abran las fronteras internas desde el lunes, y a partir del 1 de julio las exteriores para los países de los Balcanes y otros, tras permanecer cerradas durante casi tres meses.

En pleno desconfinamiento, Europa, donde el COVID-19 mató a 186,208 personas y ha dejado casi 2.4 millones de infectados, se prepara para una nueva normalidad con el ojo puesto en la reactivación económica, en particular del turismo, vital para países como España, Grecia, Italia o Francia.

Porque más allá de la catástrofe sanitaria, a medida que el mundo recupera cierta normalidad los efectos se hacen más visibles en la economía.

Para los jóvenes, pero sobre todo para las jóvenes, la pandemia ha supuesto la pérdida de empleo, poder adquisitivo y, especialmente, de la confianza en el futuro, tanto que podría dar lugar a una nueva “generación sacrificada”, como tras la crisis financiera de 2008.

La mitad de los ‘millenials’ (de 25 a 34 años) y de la generación Z (de 18 a 24 años) ya ha sufrido el impacto de la crisis sanitaria en sus bolsillos, según la consultora Kantar.

En España, “prácticamente el 50% de la destrucción del empleo” desde el inicio de la crisis se concentra en menores de 35 años, reconoció recientemente el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá.

Fuente: Fortune en Español

Que hacer, cuando dejas tu empleo para emprender.


Vienen más emisiones de bonos soberanos en un complejo escenario fiscal


Las nuevas colocaciones de deuda serán a rendimientos mayores para cubrir el costo de la incertidumbre.

La próxima semana el Ejecutivo enviará al Congreso Nacional un presupuesto complementario que replantea el uso de los recursos fiscales, afectados por la pandemia. Más gastos, más financiamiento y menos ingresos son los elementos centrales que ya se ha asomado, producto del impacto del COVID-19 en la economía.

Durante una entrevista con Noticias SIN, el ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Juan Ariel Jiménez, adelantó que la reforma de las cuentas presupuestarias de este año incluirá una expansión del límite de endeudamiento, debido a mayores necesidades de financiamiento.

“Conforme se apruebe el presupuesto complementario, se le daría autorización al Poder Ejecutivo de hacer una emisión de bonos internacionales, por ejemplo, los soberanos, mayor a lo originalmente previsto”, dijo Jiménez durante la entrevista.null

Ya en enero el gobierno agotó casi todo lo permitido en emisiones de deuda en los mercados internacionales, tras colocar 2,500 millones de dólares en bonos soberanos. Con ello copó más del 80 % del límite de endeudamiento externo permitido para este año.

El titular del despacho económico no señaló los nuevos topes de deuda que se podrá colocar este año, pero lo cierto es que esos compromisos serán más costosos para el país.

El precio de la incertidumbre

Desde la declaratoria del COVID-19 como una pandemia en marzo pasado, los niveles de incertidumbre se han disparado en el mundo. Entre los afectados están los países emergentes, que tienen más riesgo de inestabilidad financiera a la hora de una crisis.

Por eso, calificadoras de riesgo como Fitch y Standard & Poor’s han puesto la perspectiva de la deuda dominicana a largo plazo como negativa. Esas evaluaciones hacen que, para que los bonos de deuda se ofrezcan a mayores tasas de rendimiento para que sean atractivos para los inversionistas.

Aunque el financiamiento significa un oxígeno ante la caída de los ingresos generada por la crisis del COVID-19, a largo plazo su costo se incrementa. Y ya la deuda pública dominicana marchaba en esa tendencia.

Por los compromisos ya contraídos antes de toda la crisis, para abril el Estado había pagado 1,616.5 millones de dólares en servicio de deuda e intereses. La deuda dominicana del sector público no financiero hasta el mes pasado se situaba en 38,460.1 millones de dólares.

Según los datos del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (Crees), en los últimos años solo el pago de intereses de deuda se ha incrementado paulatinamente hasta llegar a representar un 23 % de los ingresos tributarios en 2019.

Fuente: Diario Libre.

Por qué la inflación pudiera venir después de la pandemia


Diario Libre
  • Los gobiernos debieran financiar su deuda a las actuales tasas ultrabajas con los vencimientos más largos posibles

La pandemia se ha comparado con una guerra, aunque es una guerra contra una enfermedad, no contra otros humanos. Al igual que una guerra, está transformando las economías y exigiendo enormes aumentos en el gasto público y en el apoyo monetario. Ciertamente legará una deuda pública y unos balances de los bancos centrales mucho más elevados.

¿Esto significa que la pregunta de si este largo ciclo de deuda forzosamente terminará en inflación debe responderse afirmativamente? No, pero es posible que suceda. Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania eliminó su deuda de guerra interna con inflación durante la hiperinflación de 1923. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido emergió con una deuda fiscal del 250 por ciento del producto interno bruto (PIB). Una inflación moderada ayudó a erosionar una parte de ella.

Entonces, ¿qué pudiera pasar ahora? Necesitamos comenzar desde las condiciones iniciales. Entramos en esta crisis con altos niveles de deuda privada, con bajas tasas de interés y con una persistentemente baja inflación. En el grupo de siete países líderes de altos ingresos, ninguno tiene una deuda cercana a la del Reino Unido en 1945. Pero la deuda neta de Japón era del 154 por ciento del PIB y la de Italia era del 121 por ciento del PIB antes de la crisis.null

El impacto económico de Covid-19 es diferente al de una gran guerra. Las guerras reestructuran las economías y destruyen el capital físico. El coronavirus ha reducido las economías al suprimir tanto la oferta como la demanda que dependen del contacto humano cercano. El impacto inmediato, como ha argumentado Olivier Blanchard, del Instituto Peterson para la Economía Internacional (PIIE, por sus siglas en inglés), parece altamente deflacionario: el desempleo se ha disparado; los precios de las materias primas se han derrumbado; gran parte del gasto se ha desvanecido; y los ahorros preventivos también se han disparado. Los patrones de consumo han cambiado tanto que los índices de inflación carecen de sentido.

Durante más de una década, los exagerados han argumentado que los balances ampliados de los bancos centrales son los precursores de la hiperinflación. Los seguidores de Milton Friedman sabían que esto estaba equivocado: la expansión del dinero de los bancos centrales compensó la contracción del dinero respaldado por crédito. Las amplias medidas de la oferta monetaria habían crecido lentamente desde la crisis de 2008.

Pero esta vez es realmente diferente. Durante los últimos dos meses “US M2” — una medida que incluye la demanda, los ahorros y los depósitos por períodos fijos — y “Divisia M4” — un índice más amplio que pondera los componentes por su papel en las transacciones — han mostrado enormes aumentos en el crecimiento. Si eres monetarista, como Tim Congdon, la combinación de una limitada producción con un rápido crecimiento monetario pronostica un salto en la inflación. Pero es posible que la pandemia haya reducido la velocidad de circulación: es posible que las personas se aferren a este dinero, no que lo gasten. Pero no se puede estar seguro. Yo nunca olvidaré el aumento casi universalmente inesperado de la inflación en la década de 1970. Esto pudiera suceder nuevamente.

¿Y qué sucederá a largo plazo? El Sr. Blanchard ha sugerido que es probable que veamos más de lo mismo: una demanda estructuralmente débil, baja inflación y tasas de interés ultrabajas, lo cual describe la situación que Japón ha tenido durante una generación. El cambio de China hacia un crecimiento más lento y hacia una inversión más débil agrega aún más incertidumbre a este panorama. El Sr. Blanchard ha propuesto tres razones por las cuales la inflación pudiera sorprender al alza: incrementos en los ratios de deuda pública mucho mayores que los 20-30 puntos porcentuales actualmente anticipados; un enorme salto en las tasas de interés necesarias para mantener las economías operando cerca de la producción potencial; y el “dominio fiscal”, o la subordinación del banco central a las demandas gubernamentales de financiación barata.

No se puede descartar el aumento de los ratios de deuda. Pero, tal como están las cosas, los países que parecen más expuestos fiscalmente son Japón e Italia. El primero no ha sido capaz de elevar la inflación durante años. El segundo está, por ahora, contenido en la eurozona. En cuanto a las tasas de interés, Charles Goodhart, de la Escuela de Economía de Londres, y Manoj Pradhan, un economista de negocios, han sostenido que se avecinan grandes cambios estructurales. El entorno deflacionario creado por el aumento de las exportaciones chinas y por la globalización ha terminado. La presión salarial aumentará. Cuando el aumento en el gasto alimentado por la generosidad fiscal y monetaria se desborde a la inflación, será visto como temporal, o será simplemente bienvenido, conforme la carga real de la deuda se erosiona.

Entre los beneficiarios de esta erosión de la carga real de la deuda, según los autores, estarán los gobiernos. Los políticos se enfurecerán si los bancos centrales elevan las tasas de interés por encima del crecimiento del PIB nominal y fuerzan una reducción fiscal más allá de la necesaria para frenar los enormes déficits fiscales creados (correctamente) por los programas de la crisis. La resistencia popular a la repetición de los recortes en el gasto público que se produjeron después de la crisis financiera será intensa. Sin embargo, también habrá una intensa resistencia a los impuestos más altos necesarios para reducir los déficits fiscales conforme se restablezca el pleno empleo.

Los gobiernos entonces probablemente exigirán financiación barata por parte del banco central, probablemente reforzada por otras formas de represión financiera, incluyendo los controles de capital, que serán justificadas como una expresión deseable de soberanía nacional.

¿Es parte de esto inevitable? Definitivamente no. Los gobiernos prudentes debieran financiar toda su deuda a las actuales tasas ultrabajas con los vencimientos más largos posibles.

Fuente: Diario Libre.

Lo podemos usar hoy… Tambien.


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Fondo de emergencias


El fondo de emergencias, no es para solo para tener dinero ahorrado, es para tener tranquilidad en los tiempos difíciles; como hoy estamos viviendo.

que no debes hacer con tu dinero.


Consejos de las cosas que muchas personas, hacen con su dinero y no deberíamos hacerlas.